Manos a la obra

recoger cosecha

La lucha por hacer de las zonas rurales, espacios más prósperos para la vida y adicionalmente llevar políticas que conduzcan a mayores niveles de producción en el sector agrícola, han conducido a muchos países a crear leyes y condiciones que apunten al impulso de la economía en esas áreas.

El sistema financiero es muy rígido y los intereses que se desprenden de los préstamos para la agricultura son altos, al punto que los niveles de riesgo de quienes se dedican a producir lo que comemos con frecuencia los colocan en negativo. Es muy duro para un agricultor tener que pagar altos intereses en el poco tiempo que les ofrecen los bancos a cambio de prestarles el dinero necesario para desarrollar su actividad.

Eso coloca a los pequeños productores en una posición de minusvalía frente a grandes inversionistas que sí son capaces de soportar, gracias a sus volúmenes de venta, las duras condiciones que les impone la banca tradicional.

Tanto Latinoamérica como muchos lugares de Europa, tienen medidas impuestas por sus gobiernos que buscan protegerlos; pero esos beneficios los ven realmente los grandes productores, porque los pequeños con una pérdida del 20% de sus cosechas entran en quiebra. Para ellos es muy difícil recuperarse y por eso el campesino sigue viviendo en unas condiciones deplorables y lo paradójico es que lo que comemos se lo debemos a ellos en gran medida.

paseando por el mercado

El negocio de la agricultura no se trata solo de cultivar, el producto de la cosecha hay que almacenarlo en condiciones favorables y trasladarlos a sitos para su procesamiento o para su venta a los consumidores. Esos procesos requieren de grandes inversiones, es por ello que es tan importante que los gobiernos apoyen adecuadamente, con políticas integrales a los agricultores. La situación que viven con las fuentes y sistemas adecuados de agua, uno de los principales insumos para que prospere el negocio,  también requiere de grandes inversiones. Los subsidios otorgados en algunos países a quienes se dedican al sector agrícola terminan siendo insuficientes y eso empuja cada vez más, la fuga de campesinos a las ciudades en búsqueda de mejores oportunidades, abandonando los campos y con ello disminuyendo las cantidades de alimentos que cada vez son demandados con mayor agudeza.

Pero hay instituciones no bancarias que apoyan la actividad agrícola, generalmente impulsadas por los gobiernos. Algunas solo prestan dinero; pero hay otras que le brindan un apoyo más integral, les dan a los campesinos el acompañamiento necesario a lo largo del proceso. Muchas veces el campesino no posee la cultura financiera para evaluar los términos en los que se les otorga un crédito y a veces terminan perdiendo hasta la tierra, que es lo único que poseen. El mejor de los casos terminan trabajando solo para pagar los préstamos en condiciones deplorables.

La realidad en Latinoamérica es casi siempre la misma, agricultores trabajando para sobrevivir y en el proceso producen los alimentos que demandamos cada vez con mayor necesidad por quienes viven en las ciudades. No parece justo, ¿verdad?

recogida de la siembra

Una buena iniciativa son las cooperativas, las cajas de agricultores, formas de organización entre quienes se dedican a trabajar la tierra. Entre los agricultores organizados de la zona hacen un fondo al que acuden cuando están en problemas financieros; pero lamentablemente es insuficiente para soportar la deuda de un negocio que requiere de grandes riesgos y sabemos que los bancos son enemigos del riesgo. Si hay algo a lo que la banca tradicional le tiene miedo es al riesgo.

Las nuevas formas de préstamos online están aún lejos de este sector, por la forma de vida de quienes viven en el campo, todavía sus modelos mentales están necesitados de estímulo en ese sentido.